La industria farmacéutica logró comercializar la vacuna experimental para el COVID-19 en solo 10 meses (ARNm), por qué las pruebas y experimentación en los animales usados durante décadas, que según investigaciones son obsoletas y pocos confiables, ¿no han podido ser reemplazadas?


Es paradógico que con los avances tecnológicos del siglo XXI, y de cara al llamado de una sociedad que desea avanzar en procesos, y relaciones más éticas y justas con los demás animales, la industria farmacéutica haya podido trabajar en tiempo record en una vacuna experimental para la pandemia COVID-19, pero durante décadas no le dé la importancia necesaria a la crueldad que viven los animales en bioterios, y procesos de investigación que incluyen el uso de sus cuerpos, su sentir y dignidad, para testear productos, que al ser aplicados al ser humano, resultan de igual manera peligrosos, desconociendo como elemento básico, que aún cuando los animales biológicamente tengan similitud con el humano, no necesariamente su reacción y efectividad vaya a resultar igual.

Cada especie animal responde de manera diferente a sustancias, por lo tanto; las pruebas en animales son una forma poco confiable de predecir efectos en los humanos, por ejemplo; lo que es seguro en una especie puede ser tóxico para la otra. Las diferencias de especies producen conclusiones erróneas retrasando el proceso científico, más del 90% de los medicamentos que resultan prometedores en ensayos en animales fallan en los humanos, ya sea por falta de efectividad o por preocupaciones de seguridad. De los medicamentos que llegan al mercado, alrededor del 50% son retirados posteriormente.

¿Continúan siendo los animales una excusa ciéntifica para sacar al mercado productos supuestamente efectivos y no peligrosos para el humano?

La vacuna experimental del COVID-19 es una respuesta clara de la excusa del uso de animales como experimentación en la industria farmacéutica en pleno siglo XXI. En la ligereza por dar respuesta a una pandemia creada por el mismo humano, donde en su afán de dominar a otras especies ha consumido sus cuerpos y creado enfermedades zoonóticas (COVID-19 pandemia zoonótica), la ciencia continuó usando a diferentes especies animales para la experimentación de la vacuna del COVID-19, aún cuando tiene a la mano opciones de procesos sustitutivos que no incluyan animales. Entre los animales usados en estas pruebas en todo el mundo para el COVID-19, están:

  • Reino Unido: Public Health England, utilizando el Laboratorio Porton Down, les dio a hurones y monos macacos una inyección de vacuna antes de una dosis del virus que causa COVID-19 por la nariz. El Imperial College de Londres usó ratones para observar las vacunas.
  • EE.UU .: En el Instituto de Investigación Biomédica de Texas, se han utilizado babuinos para estudiar cómo funciona el coronavirus y qué tratamientos serán eficaces para tratar el virus. Los primates también se han utilizado en la Universidad de Wisconsin-Madison, el Centro Nacional de Investigación de Primates de Tulane en Luisiana y el Regeneron de Nueva York, donde también se utilizaron ratones.
  • Países Bajos: Los investigadores utilizaron hurones para probar si podían transmitir el virus.
  • China: en una universidad de Shanghai, se llevaron a cabo pruebas de vacunas en ratones, con planes para realizar pruebas de toxicidad en animales más grandes, como los monos.
  • Para abordar la variable del virus, científicos examinaron los síntomas de COVID-19 en gatos bebés y gatos de 6 a 9 meses.
  • Investigadores del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, NIH, infectaron dos grupos de 6 macacos rhesus con el virus que causa COVID-19 y les inyectaron el medicamento antiviral remdesivir diariamente. Fueron sacrificados y se les extrajeron los pulmones para su evaluación, encontrando que los animales tratados con remdesivir no mostraban signos de enfermedad respiratoria. Sin embargo, luego de los ensayos en pacientes, la OMS recomendó no usar el medicamento para tratar a los pacientes debido a la falta de evidencia de que mejore los resultados o la supervivencia de los pacientes.

La industria farmacéutica comercializó vacuna COVID experimental en 10 meses, ¿por qué el reemplazo de pruebas en animales lleva décadas? Clic para tuitear

Sin ser la experimentación animal suficiente para el humano, también durante la pandemia COVID-19 se usaron perros entrenados para la detección del virus. El programa en la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Pensilvania (Penn Vet) usó a los caninos para dicha detección. Los investigadores trabajan con perros para lograr que su olfato ayuden a una supuesta detección temprana de COVID-19 en humanos. Según el comunicado de representantes de la Universidad: «los perros que pueden identificar el olor de COVID-19 también podrían identificar infecciones en personas asintomáticas y desempeñar un papel valioso en la respuesta a la enfermedad a medida que las personas regresan al trabajo, por ende, las restricciones de distanciamiento social podrían ser menores». (Ver: Los animales detrás de la vacuna COVID-19)

(Imagen: © Penn Vet/University of Pennsylvania)
(Imagen: © Penn Vet/University of Pennsylvania)

En el campo del reconocimiento de los Derechos Animales y la lucha por sacarlos del infierno que viven al ser sometidos a experimentos mientras sufren atrapados en jaulas, parece que la industria farmaceutica tiene como objetivo continuar usándolos aún cuando existan métodos alternativos, entre ellos los que han sido trabajdo por científicos y análisis científicos avanzados, como;

  • El cultivo de tejidos humanos.
  • Modelos in vitro de células.
  •  “Órganos en chips”. Contienen células humanas cultivadas en un sistema de vanguardia para imitar la estructura y función de los órganos humanos y los sistemas de órganos.
  • Modelo de piel tridimensional, derivado de células humanas que reproduce rasgos clave de la piel humana normal.
  • Células sanguíneas humanas para detectar contaminantes en los medicamentos que provocan una respuesta febril potencialmente peligrosa cuando ingresan al cuerpo. Los métodos sin animales reemplazan el uso primitivo de conejos en este doloroso procedimiento.
  • Modelos de computadora que simulan la biología humana y la progresión del desarrollo de enfermedades. Los estudios demuestran que estos modelos pueden predecir con precisión las formas en que los nuevos fármacos reaccionarán en el cuerpo humano y reemplazar el uso de animales en la investigación exploratoria y en muchas pruebas estándar de medicamentos.
  • Herramientas QSAR. Son técnicas computarizadas que pueden reemplazar las pruebas con animales al hacer estimaciones sofisticadas de la probabilidad de que una sustancia sea peligrosa, en función de su similitud con sustancias existentes y nuestro conocimiento de la biología humana.
  • Método llamado “microdosificación”, el cual puede proporcionar información vital sobre la seguridad de un fármaco experimental y cómo es metabolizado en humanos antes de los ensayos en humanos a gran escala.

Los estudios en animales son una forma poco confiable de predecir los efectos en humanos, y por el contrario, es una práctica que lleva consigo crueldad y la muerte más terrible que pueda soportar un ser. A pesar de esto, el uso de animales como; ratones, hurones, primates, cobayos, cerdos, gatos, gallinas, llamas, entre otros, sigue siendo normalizado. Es momento de parar, y que los gobiernos inviertan en investigaciones y exijan que se terminen los experimentos en animales, reconociendo que hay métodos avanzados que pueden sustituirlos.

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